¿Traición a la patria?

Columna política del licenciado Bulmaro Pacheco Moreno

¿Traición a la patria?, columna política del licenciado Bulmaro Pacheco Moreno.

Escribe: Bulmaro Pacheco Moreno

En la historia de México se han dado suficientes casos de personajes que han merecido el calificativo de “traidores a la Patria” por los hechos en que se vieron involucrados y las consecuencias que sus actos tuvieron para la República.

Uno de los primeros y más destacados casos de principios del siglo XX es el de Victoriano Huerta Márquez.

Huerta, militar nativo de Colotlán, Jalisco, no tuvo empacho en buscar el apoyo del embajador de los Estados Unidos de América, Henry Lane Wilson, para planear en la embajada el golpe de Estado contra el presidente electo Francisco I. Madero y destituirlo del poder, llegando incluso al asesinato del Presidente y del Vicepresidente José María Pino Suárez, en febrero de 1913.

El mal gobierno de Huerta duró más de un año y, una noche de julio de 1914, salió huyendo de México rumbo a España. Viajaría posteriormente a varias ciudades de los Estados Unidos, desde donde buscó apoyos para conspirar contra México, pero ya no le dio tiempo de hacer nada. Su desprestigio y sus desórdenes eran tan visibles que ya no convenció a nadie. Además, sabía que, de regresar a México, le esperaba una muerte segura por sus excesos políticos y por la “traición a la patria” que había urdido para asesinar al Presidente Madero. Huerta murió de cirrosis hepática en El Paso, Texas, en 1916, y sus restos se encuentran en un panteón local.

En el siglo XIX, el personaje fundamental para entender la “traición a la patria” fue el político veracruzano Antonio López de Santa Anna (1794-1876), quien hasta ahora es el que en más ocasiones ha ocupado la Presidencia de la República.

Fue Presidente en 11 ocasiones, pero solo acumuló nueve años en esos periodos, que iniciaron en 1833 y culminaron en 1855 con el Plan de Ayutla. A diferencia de Porfirio Díaz, que ocupó la Presidencia en siete ocasiones y acumuló casi 31 años en el poder.

Durante los mandatos de Santa Anna, México perdió ante los Estados Unidos de América los Estados de California, Arizona, Nuevo México y Utah. Su vida fue turbulenta y llena de episodios controvertidos, lo que lo ubica como uno de los Presidentes más cuestionados de México. Casi al final de sus días, desde La Habana, donde se encontraba exiliado, ofreció sus servicios “para lo que se ofreciera” al Presidente Benito Juárez, quien los rechazó de inmediato. Al morir Juárez, su sucesor, Lerdo de Tejada, le permitió regresar al país sin reconocerle grado militar alguno. Carente de dinero y de apoyos, Santa Anna murió en la Ciudad de México en 1876, y sus restos, junto a los de su esposa Dolores Tosta, reposan en el panteón del Tepeyac, atrás de la Basílica de Guadalupe.

El héroe de la Independencia José María Morelos, “que murió por la Patria”, se habría revolcado en su tumba al saber que el hijo que tuvo con Brígida Almonte, nacido en Michoacán, Juan Nepomuceno Almonte (1803-1869), después de formarse en el ejército, en la administración pública y en las misiones diplomáticas, se convirtió en dirigente del ala conservadora de la política mexicana y, en esa calidad, en promotor del arribo de Maximiliano de Habsburgo como emperador de México. El hijo de Morelos fue candidato presidencial en 1845, 1849 y 1856. Maximiliano lo nombró su representante ante Napoleón III para pedirle que los ejércitos franceses se quedaran en México y no lo dejaran solo. Juan Nepomuceno fracasó en su misión diplomática y se quedó a vivir en París, donde falleció en 1869.

Hasta ahora, Miguel Miramón (1831-1867, ex niño héroe) ha sido el Presidente más joven de la República. Asumió el poder a los 26 años, en 1859, impulsado por el bando conservador, opositor a la Constitución de 1857, que entonces lideraba Félix Zuloaga.

Miramón desempeñó diversas misiones diplomáticas en Europa y arropó la causa del Imperio apoyando a Maximiliano de Habsburgo. Combatió a Juárez y a los liberales de la época. Fue aprehendido y fusilado en el Cerro de las Campanas, en Querétaro, junto a Maximiliano y Tomás Mejía, el 19 de junio de 1867. Sus restos fueron sepultados en el panteón de San Fernando, en la Ciudad de México, para ser trasladados posteriormente a la catedral de Puebla, en 1896.

Tomás Mejía (1820-1867) nació en Querétaro y desarrolló una larga carrera militar que lo distinguió en batallas importantes durante la guerra contra los Estados Unidos de 1847. Reconoció el Imperio de Maximiliano, se unió a su causa y dio importantes batallas contra los liberales de Juárez. Fue fusilado junto a Miramón y Maximiliano.

Agustín de Iturbide nació en Morelia, Michoacán, en 1783. Emperador de México en 1822-1823, fue combatido y depuesto por los liberales de entonces y se exilió en Europa. “El Congreso, que había decretado primero una pensión, lo declaró traidor y lo puso fuera de la ley en abril de 1824”, lo que Iturbide ignoraba, pues, encontrándose en Londres, aceptó la invitación de algunos partidarios para regresar a México —ahora por Soto la Marina, Tamaulipas—, donde fue aprehendido y llevado al paredón de fusilamiento el 19 de julio de 1824. Así terminó el sueño del Primer Imperio en México.

De Victoriano Huerta en adelante y hasta ahora, ningún Presidente mexicano ha sido acusado de traición a la patria. Las Constituciones de México han contemplado el delito, que se mantiene en el texto del artículo 108 constitucional (segundo párrafo), el cual estipula: “Durante el tiempo de su encargo, el Presidente de la República podrá ser imputado y juzgado por traición a la patria, hechos de corrupción, delitos electorales y todos aquellos delitos por los que podría ser enjuiciado cualquier ciudadano o ciudadana”.

Llama la atención que en estos tiempos el concepto se utilice para reyertas políticas. Primero se aplicó a los legisladores opositores que se negaron a apoyar los proyectos legislativos de la llamada “Cuarta Transformación”. Ahora, con los acontecimientos políticos de un Estado opositor a la 4T como lo es Chihuahua, se le quiere aplicar al ex fiscal del Estado por participar en una operación conjunta con agentes de los Estados Unidos para destruir un laboratorio de drogas. Se criticó también al gobernador panista de Querétaro, Mauricio Kuri, por haber invitado al embajador de los Estados Unidos a poner la primera piedra de un edificio para trabajos de seguridad. Mucha sensibilidad orientada hacia un tema que ya no da para tanto ni tampoco provoca lo que antaño causaba tanto revuelo.

De tanto manosear los conceptos se nos está desgastando el lenguaje político. Otra crisis en una realidad que amerita mayor cuidado de las formas y no excesos en la interpretación de las leyes.

bulmarop@gmail.com