Injusta distribución del ingreso y la riqueza

Una situación que preocupa a todo mundo, bandera de demagogos, es la dispareja distribución la riqueza. Sin embargo, todos los programas que durante años han activado los gobiernos para su combate, han sido un rotundo fracaso y fuente de monstruosos fraudes de quienes los han manejado. Inclusive, en países como EU que, desde 1964 Johnson iniciara su muy personal batalla con “the great society”, se han gastado casi 20 trillones de dólares y la pobreza ha permanecido al mismo nivel. Es claro que hay los muy ricos y los pobres. Pero la salomónica solución de esta encrucijada no es buscar la matemática igualdad en la distribución de toda la riqueza, quitando a unos para dar a otros.

Activando una estrategia tan compasiva no ayudaría a la solución del problema, porque aquellos montados en la ola de pobreza son infinitamente superior en número que los ricos y, en una redistribución total de esa riqueza, los pobres de manera individual recibirían un incremento insignificante mientras que los ricos despojados dejarían de producir. Quienes exigen ese tipo de igualdad no toman en cuenta el punto más importante; la riqueza disponible, el total del producto anual del trabajo de una sociedad, no es independiente de la forma en que se distribuye. Es decir, en sociedades libres los que más producen a costos bajos y con calidad, son premiados con ventas, ganancias y obviamente sus ingresos son superiores.

El hecho de que este producto de las naciones hoy día sea tan grande, no es el resultado de fenómenos naturales ni de una ola de tecnología independiente de las condiciones sociales, es el resultado de las instituciones sociales. Solo porque la desigualdad en la riqueza es posible en el orden social, solo porque estimula a todos para a competir produciendo al máximo posible a costos bajos para para luego premiar a los mejores, es que la humanidad hoy día tiene a su disposición esa riqueza anual para su consumo. Pero si este incentivo se destruye, el trabajo, la inversión y productividad se verían reducidos lo mismo que el pastel a repartir, de tal forma que la porción repartida le daría a cada individuo mucho menos de lo que el pobre recibe en estos momentos.

La desigualdad en la distribución del ingreso tiene también una segunda función: hace posible el lujo y las caprichosas compras de los ricos. Se han escrito y afirmado infinidad de tonterías acerca del lujo faustoso. Los ataques en contra de ese tipo de consumo siempre se han basado afirmando la injusticia que representa, cuando unos disfrutan de gran abundancia mientras otros no pueden satisfacer sus necesidades más apremiantes. Pero se puede demostrar que ese consumo fastuoso desarrolla un papel crucial en el sistema de cooperación social, y el argumento pierde su validez.

Nuestra defensa del consumo fastuoso no es el tradicional argumento de la gran “derrama de dinero que provoca entre la gente común”. O el que, “si los ricos no satisficieran sus deseos de indulgencia, el pobre no tendría trabajo ni ingreso”. Por otro lado luego emergen otras como: “si el consumo de lujo no existiera, el capital y el trabajo que se hubieran estado aplicando para producir esos bienes suntuosos, pasarían a ser usado en la manufactura de artículos necesarios en lugar de esos bienes superfluos”. Pero ¿Qué sucede cuando se aplican estas políticas compasivas? Está comprobado que en todos los países en donde se han implementado impuestos al lujo, de inmediato el desempleo aumenta y la demanda disminuye.

Si cerraran todas las fábricas de autos de lujo (Mercedes, Jaguar, BMW etc.) se perderían millones de empleos no solo en esas fábricas, también en distribuidoras, talleres, gasolineras, fábricas de llantas, seguros, fábricas de partes, sin empleo se perderían consumidores, se perderían ingresos fiscales para el estado.

Pero ¿Qué es realmente el lujo? El lujo es un concepto muy relativo. Consiste en una forma de vivir que contrasta con el de las grandes masas en la era que cada uno vive. Entonces, el concepto es esencialmente histórico. Muchas cosas que hoy día son necesidades, en otra época eran consideradas lujos. Durante la edad media, una dama aristócrata bizantina que había contraído nupcias con un rico comerciante de Venecia, en lugar de comer usando los dedos hacía uso de un implemento que hoy día es conocido como tenedor. Los venecianos lo miraban como un profano lujo innecesario. Cuando la dama contrajo una penosa enfermedad, todos aseguraron era el castigo de Dios por esa extravagancia antinatural.

Hace unos cien años un baño interior era considerado un lujo, hoy día es una necesidad. A finales del siglo 19 no había automóviles, y hace unos 70 años tener un automóvil era clara señal de una vida de lujos, pero hoy día en países más desarrollados hasta los peones que trabajan en el campo tienen su auto. Este es el curso de la historia económica. El lujo de hoy es la necesidad del mañana. Los avances primero llegan como un lujo de la gente rica, para que después se conviertan en una necesidad para todos. El consumo faustoso le da a la industria el estímulo de crear e introducir nuevos productos. El emprendedor se dedica a crear necesidades para la gente ¿Quién necesitaba una computadora o un celular hace 30 años?  A todo esto, es que debemos las innovaciones y el progreso por el cual los estándares de vida de todas las esferas de la población han sido mejorados gradualmente.

Es obvio que no hay simpatía por el hijo de rico que se dedica a gozar de todos los placeres de la vida sin trabajar. Y lo más probable es que continuando en el mismo sendero se convierta en el tipo de parasito que pasan por la vida consumiendo todo sin producir nada. Pero aún un espécimen como este tiene una función en la vida del organismo social. Él siempre está fijando el ejemplo de una vida de lujo que despierta entre la multitud, en algunos envidia, en otros su conciencia de nuevas necesidades y el estímulo de trabajar duro para llegar a tener lo mismo, y le da a la industria el incentivo para satisfacerlas.

Uno de los logros más importantes del liberalismo, fue esa libertad que le daba al hombre que nunca había tenido. Establecido provocaba cambios radicales abriendo la avenida para, ya no solo tener un lugar en la punta de la pirámide social por motivos de nacimiento en una posición privilegiada, ahora aquellos que habían trabajado duro y hacían fortuna se ganaban ese lugar en la pirámide por sus propios méritos. Las barreras que antes separaban a los señores de los siervos habían caído. Ahora todos eran ciudadanos con los mismos derechos. Fue el nacimiento de los burgueses, miembros de las clases bajas que hacían fortuna, escalaban la pirámide y se ubicaban como los ejemplos a seguir.

El comportamiento en la disparidad del ingreso pasaba a ser el resultado de un mercado verdaderamente libre en el cual se compite, y para aquellos que acuden con los mejores productos y han controlado sus costos, son luego calificados por un sistema de precios libres para hacerse acreedores a un premio que se manifiesta en forma de ganancia, formación de capital y su ruta hacia la prosperidad. Solo el mercado libre, sin un gobierno escogiendo ganadores y perdedores, puede llevar a cabo una distribución en la cual cada uno reciba lo que merece.