ELECCIONES 2019: RESULTADOS Y PROSPECTIVA

En primer lugar, debe reconocerse que los seis estados que tuvieron elección el pasado domingo dos de junio, son estados gobernados por el Partido Acción Nacional. Por lo tanto, la principal contabilidad política de los resultados obtenidos va directo a las cuentas del partido, que así registra una sensible baja en la población que actualmente gobierna.
También es cierto que es muy pronto para que Morena exhiba electoralmente el desgaste del nuevo gobierno a través de esos resultados; como partido político todavía está lejos de verse representado en estructuras regionales y municipales.
El voto que le dio el triunfo de la Presidencia de la República el año pasado fue un voto para el personaje López Obrador, que representó la candidatura, y no para los partidos que lo postularon. Si hubiera sido así, el Partido Encuentro Social no hubiera perdido el registro en esa elección.
Estaba muy anunciado sin embargo que Morena ganaría las dos gubernaturas en juego. La de Baja California, donde el PAN gobernaba ininterrumpidamente desde 1989 y que por una pésima gestión del actual gobernador y el desgaste de tanto año en el gobierno, más el apoyo de un fuerte grupo desesperado del PRI, encabezado por el exgobernador Xicoténcatl Leyva y el candidato derrotado hace seis años, Fernando Castro Trenti, contribuyeron decisivamente a que el PAN fuera borrado de un plumazo del escenario político en esa entidad.
En Puebla, la muerte de Rafael Moreno Valle y su esposa en diciembre metió en una severa crisis al PAN local, que por ninguna parte exhibió ahora la exitosa estructura de movilización electoral construida por años por Moreno Valle y su equipo político en procesos electorales anteriores y que les diera la posibilidad —de no ser por la tragedia— de quedarse 14 años en el gobierno de ese estado. Aún así, el candidato de Morena Miguel Barbosa tuvo una menor votación —algo explicable— que el año pasado y Morena rodea ya poco a poco a la Ciudad de México.
Con los resultados de la elección del pasado domingo, el nuevo mapa político de México queda de la siguiente manera: Doce estados gobernados por el PRI, con el 34.34% de la población; diez para el PAN, con el 19.50%; Siete para Morena, con el 30.08%; uno para Movimiento Ciudadano (Jalisco, 6.76%); uno para el PRD (Michoacán, 3.7%); y uno independiente (Nuevo León, 4,26%)
Terminada la elección del 2019, todos los partidos políticos deberán iniciar trabajos de reorganización interna para enfrentar los retos de la elección del 2021, que por los cargos que estarán en disputa, además de la renovación total de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, todo indica que estará sumamente competido y con altos niveles de tensión política. Y no es para menos: En esa elección (además de la elección de diputados federales) estarán en juego ocho gobiernos del PRI (Colima, Guerrero, Sinaloa, San Luis Potosí, Campeche, Sonora, Zacatecas y Tlaxcala), cuatro del PAN (Querétaro, Nayarit, Baja California Sur y Chihuahua), uno del PRD (Michoacán), uno independiente (Nuevo León), y uno de Morena (Baja California).
En el 2021 se renovaran también 15 Congresos locales, y está en el aire y en manos del Senado de la República, la reforma constitucional que abra la posibilidad de que se consulte a los votantes sobre la revocación del mandato del actual presidente de México. Un tema que seguramente acelerará el debate por los altos niveles de abstencionismo electoral registrado en la elección del domingo, que llegó a un extremo del 77.9% en Quintana Roo y, lo peor, en elecciones para gobernador 70.5% en Baja California y 66.6% en Puebla. ¿Que pasó con el ánimo político demostrado por los votantes en la elección de 2018? ¿Por qué cayó a tan bajos niveles? Nadie lo sabe, pero es de preocuparse.
Una explicación corriente nos dice que los candidatos estatales y municipales no emocionaron ni a sus propios partidarios. Y en el caso de los partidos políticos, sobre todo los más grandes, no han terminado de procesar sus problemas internos posteriores al descalabro sufrido en el 2018. ¿Estará la gente harta de tanta política?
En el PAN, su dirigencia parece no encontrar el rumbo perdido. Por una parte la abstención de su candidato presidencial de aparecer en público. Por alguna razón, Ricardo Anaya no ha querido dar la cara y mucho menos dar sus puntos de vista sobre la crisis de Acción Nacional
Por otra parte, Felipe Calderón y Margarita Zavala siguen empeñados en dar forma y construir un nuevo partido político, básicamente con seguidores provenientes del PAN, lo que no augura nada positivo para este partido, en la inteligencia de que, de aprobarse el partido calderonista a principios del 2020, estará listo para participar en la elección del 2021, con sus propios candidatos, y ahí sí que se pondrá bueno cuando sepamos quiénes y cuántos del PAN habrán de darle forma al nuevo partido político del expresidente.
Con todo lo anterior, dos figuras panistas destacan ya para ser consideradas en los próximos años: Los gobernadores de Tamaulipas y Chihuahua, Francisco Cabeza de Vaca y Javier Corral.
En el PRI se ha retrasado la renovación de su dirigencia nacional y todo parece indicar que la competencia se cerrará entre el exrector de la UNAM José Narro Robles y el gobernador de Campeche Alejandro Moreno. Ambos representan a una diversidad de grupos dentro del PRI.
Como sea que se presente la renovación, el partido deberá intensificar su trabajo y revisar sus crisis, dado los pobres resultados obtenidos en los dos procesos electorales anteriores. Deberá pensar en alianzas con otras fuerzas políticas, en vista de que su aliado de siempre –el Verde Ecologista– ya cambió de rumbo. Muy a su estilo de sus negociaciones, el Verde no tardó en definirse y se fue con los ganadores, con el gobierno.
El PRI tiene dos años para tratar de remontar sus crisis. Para la elección del 2021 estarán en juego ocho de sus doce gubernaturas, incluida la de Colima, donde nunca ha existido la alternancia.
Tanto el PAN como el PRI pueden remontar si cuidan su unidad interna y cuidan la gestión de sus gobernadores, en la inteligencia de que el reciente proceso electoral enseña que las cuestiones políticas locales dependen en mucho de la operación política de las autoridades locales y no del fenómeno López Obrador. También muestra que Morena tardará en posicionarse a nivel local en tanto no terminen de cuajar sus clientelas políticas, que por ahora están recibiendo dinero directo del gobierno a través de las políticas sociales diseñadas para el caso. Tanto PAN como PRI no deben olvidar que sus derrotas recientes en gubernaturas se dieron fundamentalmente por los casos de escandalosa corrupción de sus gobiernos estatales, Baja California, Nayarit y Veracruz, son algunos casos representativos.
Nueva Alianza perdió el registro en lo nacional pero lo conserva en algunos estados. En este caso, y al igual que Felipe Calderón, la profesora Elba Esther Gordillo ya se mueve intensamente para lograr el registro de su nuevo partido Político “Redes Sociales Progresistas”, que seguramente será un factor de debilitamiento para Nueva Alianza y un aliado futuro (en la elección de 2024) de Morena.
¿Y qué decir del PRD? Aquí sí que no se le encuentra la cuadratura al círculo. ¿Va a desaparecer el PRD? Ojalá no, pero ni en sus militantes (que ya cada vez quedan menos) ni en sus dirigentes (que no se ven por ningún lado) se observa el ánimo para reconstruirlo ni sacarlo de la crisis en que se encuentra.
La lección de la elección pasada es que para el 2021, los partidos que figurarán en la primera línea de acción política en la contienda por el Congreso de la Unión y las 15 gubernaturas son el PAN, Morena y el PRI. Se admiten apuestas.
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