El recinto de las Malas Ideas

“La ignorancia engendra monstruos y ocupan espacios vacíos del alma, cuando la verdad del conocimiento está ausente”. FA Harper

Laureado con el premio Nobel por sus estudios sobre el Capital Humano, Gary Becker establecía a la gente como el centro de la economía. Los activos tangibles como tierra, dinero, acciones son formas de capital que producen ingreso. Pero esas no son las únicas. Educación, entrenamiento, salud, coloquios acerca de la virtud de la honestidad, responsabilidad son también formas de capital. Incrementan los ingresos y forman buenos hábitos para toda la vida.

Son inversiones en capital humano porque la gente no puede ser expropiada de su conocimiento o habilidades, son valores que no deben separarse de los activos físicos o financieros. Educación y entrenamiento son las inversiones de capital más redituables. Quienes obtienen educación preparatoria o universitaria, catapultan sus ingresos, desarrollan IQ más altos y “buenas ideas” y se convierten en cultura, se incrementa el conocimiento de sus familias y las valores y hábitos de sus hijos.

El crecimiento económico se da por sinergias entre conocimiento y capital humano para impulsar las naciones hacia la prosperidad. La gente, con buenas o malas ideas, es responsable de la grandeza o el fracaso de las naciones. Y como lo definiera don Eugenio Garza Sada, “En el Tec queremos formar mentes independientes que no tomen como dogma todo lo que escuchan de algún comunicador hábil, construyan un pensamiento crítico para cuestionar mil veces la información que reciben, desarrollen su creatividad y adquieran la materia prima de los líderes que tanto requiere el país. Porque algo más perverso que el deseo compulsivo de mandar, es la disposición servil de obedecer sin cuestionar”.

Durante el siglo 20 México optó por un sistema “más humano”. Después, ignorante de las fuerzas desatadas por el abandono de los acuerdos Bretton Woods, recibimos el primero de los devastadores golpes. Era el resultado de un sistema de incentivos perversos donde las malas ideas crearon un régimen de buscadores de rentas, ignorando los factores productivos. El gobierno se dio a moldear nuestra ignorancia con educación y sus malas ideas, sabotearon nuestras mentes y el resultado fue gente ignorante, indisciplinada, distraída, profesores, estudiantes, sindicatos marxistas, empresarios y profesionistas infectados por la ideología social demócrata. Y ¡cuidado! el conocimiento falso es más letal que la ignorancia.

En cierta ocasión un exitoso agricultor sonorense me reclamaba; “dejaste la dirección general de un banco para venir a un país donde todo es complicado” ¿Complicado? Su respuesta me dejaba frio. “Si, complicado.” En México, el gobierno me dicta qué debo sembrar, me da semilla, financiamiento, insumos baratos, el agua, cierra la frontera para proteger nuestra actividad, y me compara la cosecha a un precio asegurando mis ganancias”. Le respondo. Eso más que un negocio parece un juego de mecano. El cierra. “Si, pero no tengo que preocuparme y me sirven las ganancias a domicilio”. Yo agregaba, por eso los ejidatarios a las ministraciones del banco las llaman sueldo.

Esto es el resultado de la tenebrosa labor del gobierno amaestrando a la población para, cuando le peguen el arado, lo jalen resignados y con buen paso. La costumbre se hizo dependencia para convertirnos en su propiedad. Los negocios con diagramas y redes de protección castran al hombre destruyendo su identidad y su valor como individuo. Es cuando tenemos la obligación moral de hacer una declaratoria para rescatar nuestras vidas usurpadas por el estado, y sus malas ideas. Jefferson lo describía afirmando; “No es posible que en una sociedad unos nazcan ensillados y otros nazcan con espuelas listos para montarlos”.

En el arreglo que describía el agricultor si funciona el, “cuando unos ganan otros pierden”. Si al agricultor le garantizan ganancias sin competencia, pierde la gente pues la privan de su libertad de elegir. Pero más pierde cuando, al conciliar la ecuación, las ganancias artificiales son pérdidas para el gobierno que se suman a la deuda y, si para financiar ese apoyo echan andar la fábrica de billetes, se paga en inflación-devaluación porque ese dinero vale tanto como el papel sanitario. Lo mismo sucede con los rescates, ganan los rescatados, pero pierde la gente y los ejemplos los tenemos en el FOBAPROA, subsidios para la electricidad, para la gasolina, el sueldo de los ninis.

Pero esas conductas siguen vivas porque somos ignorantes en un país con actores políticos portando malas ideas y, así, el camarada Lopez, con sus malas ideas, sigue reviviendo el legado revolucionario. Y en esa misma ignorancia navegan quienes hacen opinión; periodistas, líderes, empresarios. El camarada Lopez, ignorante en jefe, con la receta compasiva socialista y con pies de gato, ha iniciado el tejido de esa vieja red con la que, durante más de cien años, militares, revolucionarios, seudo liberales y oportunistas han encadenado un país domesticado a imagen, semejanza y conveniencia de los verdugos pasado y presentes.

Sufrimos la herencia colonial de buscadores de riqueza no producto del trabajo, sino de injustos privilegios para explotar a los indios. El comercio era monopolio de los tenderos que hacían fortunas para llevarlas a España. El desarrollo económico no ocurre cuando los mercados no son competitivos y costo de transacciones prohibitivo. Las malas ideas heredadas de la colonia provocaron que la búsqueda de rentas fuera más atractiva que la producción ganancias privadas, y la sociedad se organizó para maximizar beneficios políticos no la eficiencia económica ¡El trabajo personal, ambición, libertad y competencia provocan el desarrollo y la creación de riqueza! ¡Y la inversión en herramientas privadas de producción es el acto más compasivo de caridad!

Entendamos que el desarrollo nunca se logrará con malas ideas, y solo adquiriendo las buenas encontraremos la verdad. Pero no la verdad católica colonial que, con un manual de malas ideas, resolvió la vida de individuos y la sociedad; “opuesta a reformas e innovación, a la transformación de la naturaleza, por ser actos de arrogancia contra la creación de dios. El mundo no tenía razón para ser un paraíso de abundancia y prosperidad; era el valle de lágrimas y el castigo para el pecador Adan”. Cuando los calvinistas del norte consideraban la riqueza el resultado de hacer bien el trabajo de dios y para ellos la pobreza era un pecado.

Durante mucho tiempo hemos tenido perdida nuestra confianza, necesitamos olvidarnos qué todo es cuestión de suerte y nuestra suerte es el gobierno, porque eso separa las causas de los efectos. Debemos recuperar esa confianza para trabajar áreas que podemos controlar y los efectos sean nuestros. Necesitamos declarar nuestra emancipación exigiendo un gobierno que, con nuevas ideas, se haga a un lado y solo se dedique a proteger vida, libertad, propiedad y garantice el cumplimiento de los contratos. Porque ya perdimos el tren de la media noche y el que abordamos, no se dirige al destino que anhelamos y por más que corramos por sus vagones en dirección contraria, nunca llegaremos a la cita.

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Los grandes hombres son como las águilas. Construyen sus nidos en una majestuosa Soledad. Porque un alto grado de intelecto tiende a convertir al hombre en un ser antisocial.

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