
Mtro. Jesús Antonio García Ramírez, politólogo
- Consideraciones previas: La Métrica del Mercado y el Control del Financiamiento
El proceso electoral de 2027 sitúa a Morena ante una paradoja de la ciencia política: su mayor vulnerabilidad no reside en la fuerza de sus opositores, sino en la forma en que gestiona su propio éxito masivo. Con 277 aspirantes oficiales compitiendo por solo 17 gubernaturas, el partido enfrenta una crisis de sobreoferta de cuadros donde la nominación interna se percibe casi como un triunfo automático, desatando pasiones y ambiciones desmedidas [Fuentes: 1; 2]. Frente a este escenario, el uso de las encuestas como árbitro supremo se ha consolidado como la herramienta institucional prioritaria para cumplir de manera técnica con las complejas cuotas de paridad impuestas por la ley (10 mujeres y 7 hombres).
Sin embargo, un análisis politológico maduro obliga a reconocer que este procedimiento técnico opera bajo una lógica de neoliberalización que mercantiliza la política, reduciéndola a niveles de conocimiento de marca, posicionamiento de imagen y rentabilidad electoral inmediata. El valor pedagógico e institucional de esta consideración radica en entender que este enfoque puramente cuantitativo desplaza la consistencia ideológica y genera incentivos perversos. El éxito en la encuesta tiende a depender directamente de un financiamiento desproporcionado en precampañas y del uso de propaganda artificial (como espectaculares y pautas digitales masivas). Para construir un partido sólido, la dirigencia debe asimilar que la encuesta no es un cheque en blanco, sino un instrumento que exige la implementación inmediata de candados fiscales internos y auditorías de fiscalización severas; de lo contrario, se corre el riesgo de que el dinero y las estrategias de mercadotecnia —y no el mérito social o la militancia— terminen definiendo las candidaturas del movimiento.
- A manera de reflexión: A manera de Reflexión: Lo Nocivo de las Facciones y el Vacío Democrático de la Base
El principal riesgo de este modelo demoscópico es que profundiza una falsa dicotomía política muy peligrosa para un movimiento de izquierda: la toma de decisiones se concentra exclusivamente en el diseño metodológico de la cúpula, mientras que la base social y la militancia organizada quedan relegadas a una participación puramente pasiva y consultiva. Al cerrarse los canales de deliberación democrática tradicional y asamblearia, el espacio público se vacía y es ocupado por el faccionalismo o la lógica de “tribus”. Las facciones actuales, alimentadas por la llegada masiva de perfiles externos sin arraigo doctrinal ni formación política en el movimiento, ya no compiten por proyectos sociales ni por visiones de Estado, sino por la manipulación del aparato estadístico a través de guerras sucias, filtraciones a medios y promoción mediática simulada.
La enseñanza constructiva que deja esta reflexión es el entendimiento de lo nocivo que resulta vaciar a la política de su contenido ético. Cuando los actores asumen el proceso interno como una simple contienda corporativa de mercado, la lealtad hacia el proyecto se diluye por completo. Si el mercado de la encuesta no los favorece, se fractura el compromiso con el movimiento, promoviendo divisiones internas que debilitan la fuerza territorial y la cohesión de la Cuarta Transformación desde adentro. Ante esta realidad, la dirigencia no puede limitarse a ser una espectadora de las encuestas; urge transitar hacia la creación formal de un Órgano Interno de Mediación de Conflictos Institucionales. Este mecanismo debe servir para disciplinar políticamente a las facciones, canalizar las inconformidades de manera madura antes de que escalen a los medios y garantizar que la unidad y la fraternidad del proyecto transformador prevalezcan por encima de cualquier interés personal o de grupo.
- Consideraciones finales: Hacia una Institucionalización Democrática Integral
Para trascender como un auténtico movimiento histórico y evitar el destino de los partidos tradicionales que colapsaron por sus pugnas internas, Morena debe hacer una autocrítica profunda y transitar urgentemente del pragmatismo electoral hacia una institucionalización democrática real. La tradicional “operación cicatriz” y el reparto discrecional de premios de consolación son herramientas del pasado que hoy resultan insuficientes e inviables, pues los espacios políticos y las posiciones son finitos para los más de 260 aspirantes que inevitablemente quedarán fuera de las candidaturas a gobernador.
El diseño orientador de este segmento final propone que el verdadero reto para la dirigencia nacional radica en superar definitivamente el “dedo tecnocrático” de las encuestas. Esto no significa eliminar la estadística, sino enriquecerla incorporando mecanismos democráticos complementarios que le devuelvan el peso real a la militancia de base y a la ciudadanía. Se deben proponer debates programáticos obligatorios donde se evalúen las ideas y no solo el carisma, rúbricas públicas de trayectoria ética para vetar perfiles cuestionables, y consultas vinculantes en asambleas locales. Aunque la alta cúpula pueda mostrar resistencia inicial para proteger su margen de maniobra discrecional, la asimilación de esta reforma es una necesidad biológica para el partido. Si la dirigencia no asume estas propuestas e insiste en limitar la política a un ejercicio de consumo demoscópico, el faccionalismo terminará por devorar la cohesión del movimiento. La madurez institucional frente al desafío de 2027 dependerá de su capacidad para subordinar las ambiciones individuales al proyecto colectivo, blindando las encuestas con transparencia absoluta y devolviendo la legitimidad democrática a sus bases.


