¿Con el nombre que pongas, serás medido?

Borran el nombre de Manlio Fabio Beltrones a bulevar escénico de San Carlos; ¿dónde están los beneficiarios de las obras que entonces aplaudieron el nombre del bulevar y que ahora no han dicho ni pío?

Columna: Lic. Bulmaro Pacheco Moreno

Las únicas medallas son las que da la posteridad: Voltaire.

José María Maytorena Tapia, Cesáreo Soriano, Fausto Topete, Ramón Ramos y Carlos Armando Biébrich son ex gobernadores de Sonora que están desterrados de nombres de calles, escuelas o monumentos públicos. Todos ellos fueron controvertidos y tuvieron serios problemas políticos   que los obligaron (a la mayoría) al exilio.

Eduardo Bours dio instrucciones precisas en su sexenio que no quería nombres de él o sus colaboradores en calles y monumentos. No hay calles Faustino Félix Serna ni en Pitiquito ni en Obregón. Tampoco de Rodolfo Félix Valdés en Nacozari.

Sin embargo, todavía se conservan nombres de calles como Comonfort, Bernardo Reyes y Manuel González, a pesar de su controvertido papel en la historia de México.

Del Porfirismo se heredaron los nombres de las principales estaciones de ferrocarril. Estaciones Don y Luis, en Huatabampo (en honor al gobernador Luis Emeterio Torres); Estación Corral, en Cajeme (por Ramón Corral ex vicepresidente); Estación Lencho, a la salida de Tórim (en honor a Lorenzo Torres, que ahí vivió); Ortiz, por Carlos Rodrigo Ortiz (1851-1927) Torres, en la Colorada (por Luis Emeterio); y Esqueda, en el municipio de Fronteras, llamada antes Estación Izábal (Los revolucionarios le cambiaron el nombre al probar que Rafael Izábal ordenó la muerte del maderista Enrique Esqueda).

Entre las grandes obras públicas de Sonora están las presas, y todas llevan nombres: En la región del Mayo la Adolfo Ruiz Cortines, o Mocúzari en Álamos; En el Valle del Yaqui la Álvaro Obregón, o del Oviáchic, en Cajeme; La Plutarco Elías Calles o El Novillo, en San Pedro de la Cueva; la Ignacio R. Alatorre —guaymense y militar juarista (1832-1899)— o «punta de agua», en Guaymas; la Abelardo L. Rodríguez, en Hermosillo; y la Lázaro Cárdenas, o de La Angostura, la más antigua de todas en el municipio de Nacozari.

Las calles principales de las ciudades: Pesqueira (por el liberal juarista), en Navojoa; Miguel Alemán (en agradecimiento por la carretera federal 15), Rodolfo Elías Calles y Rodolfo Félix Valdés, en Ciudad Obregón; Juárez y 16 de Septiembre, en Huatabampo; Aquiles Serdán, en Guaymas; Rafaela Rodríguez y 16 de Septiembre (la que cruza la cabecera), en Etchojoa; Francisco I. Madero (antes la aurora), en Álamos; Adolfo López Mateos, en Bácum; Reforma, en Empalme; Álvaro Obregón, en Nogales; Benito Juárez y Samuel Ocaña, en Puerto Peñasco; y el Bulevar Luis Encinas (antes transversal, que va desde la presa y la antigua vía de ferrocarril hasta el periférico) y el Bulevar Abelardo Rodríguez. También en la capital, Gral. Piña por el ex gobernador Miguel, y Francisco Serna también ex mandatario.

En Agua Prieta, la principal avenida lleva el nombre de Avenida 6, a la 35 le pusieron Los Apson. A pesar de la importancia histórica del municipio no ha existido una política de nomenclatura que haga justicia a quienes desde ahí libraron importantes batallas contra la federación, como los firmantes del Plan de Agua Prieta, por ejemplo.

En Cananea la avenida principal lleva el nombre de Benito Juárez, desde la entrada de la mina hasta el final del cementerio (Severiano Moreno). La Álvaro Obregón está a un costado de la Juárez.

La calle principal de Naco lleva el nombre de Francisco I. Madero.

En San Luis Río Colorado la calle principal lleva el nombre de Álvaro Obregón —la antigua carretera a Baja California— desde la fundación del municipio en 1939. Después de la mesa arenosa cambia a Luis Donaldo Colosio, desde el 2009.

En Hermosillo, la antigua avenida Yucatán, posteriormente Norberto Aguirre Palancares, pasó a llamarse Luis Donaldo Colosio.

 

Con el triunfo de la Revolución muchos nombres de calles, parques y edificios públicos cambiaron de nombre. Por ejemplo, el Parque Madero, de Hermosillo se llamaba Ramón Corral, en honor del exgobernador sonorense, que no está sepultado en Sonora. Después del asesinato de Madero (1913) se le cambió el nombre por Parque Madero.

En otro ejemplo, la Avenida Serdán se llamaba calle de Don Luis, en honor del exgobernador Luis Emeterio Torres. También se le llamó Calzada de los Naranjos. Después del sacrificio del poblano Aquiles Serdán (nov. de 1910) se le cambió el nombre. También en Guaymas la avenida principal lleva el nombre del prócer de Puebla, en lo que antaño fuera la Calle Real de Guaymas o Avenida 14.

Hay muy pocas calles con el nombre de Adolfo de la Huerta, y aun cuando su principal batalla (contra la invasión extranjera) la libró en Guaymas en 1854, José María Yáñez tiene una avenida más amplia en Hermosillo que en el Puerto.

En Guaymas permanece el callejón Porfirio Díaz, contiguo al mercado municipal. En la capital, a la antigua avenida del expresidente Díaz se le sustituyó por la Gustavo Garmendia.

Siempre será recomendable poner nombre de calles, municipios o edificios públicos a personajes que ya no viven.

Nadie discute los méritos de los nombres de los personajes de la Independencia (Aldama, Hidalgo, Morelos, Allende) o de la Reforma (Juárez, Ocampo, Degollado, Prieto) o de la Revolución (Calles, Obregón, Hill, De la Huerta, Rodríguez).

Los méritos y las aportaciones históricas están fuera de duda.

Las controversias se originan cuando se pone el nombre de una persona viva a una calle, monumento o edificio público. Esto siempre acarreará debates y controversias. En muchos casos las decisiones para poner el nombre de alguien vivo a una entidad oficial llevan un alto contenido de zalamería, cursilería y abyección hacia gente sin mayores méritos.

En el PRI fueron varios los excesos con nombres y estatuas que posteriormente fueron retiradas de donde se pusieron, por ejemplo: la estatua ecuestre de López Portillo, en Monterrey que fue retirada, o la de Miguel Alemán, en la UNAM que después de tanto bombardeo para destruirla, la autoridad decidió retirarla.

Y ahora la llamada 4T y Morena, que odian el pasado y sienten que la historia de México empieza con ellos, les da por solicitar a España un perdón por la Conquista, retiran el monumento de Colón del Paseo de la Reforma y las placas de Díaz Ordaz de la Línea 1 del Metro; como si eso negara la importancia de las obras y el recuerdo de sus autores. Y en algunos estados como Sonora no quieren saber nada de los gobernantes de los últimos 30 años y proceden a borrarlos del mapa.

Aquí comenzaron con el bulevar de San Carlos Nuevo Guaymas al borrarle el nombre de Manlio Fabio Beltrones para cambiarlo por Tetakawi. Controversias aparte, los partidarios del ex gobernador dicen que en su gobierno hizo mucho por San Carlos. En esos tiempos (1997) nadie protestó por el nombre; pero tiempos traen tiempos y en política, la forma es fondo. ¿La forma?, la sesión de cabildo, ¿el fondo? La instrucción para retirar el nombre. Lo sorpresivo para Beltrones no ha de ser la actitud de la llamada 4T para con él y la mayoría de políticos del PRI en estos años.

La cuestión es otra: ¿Dónde están los beneficiarios de las obras que entonces aplaudieron el nombre del bulevar y que ahora no han dicho ni pío? ¿silencio prudente o reciclamiento de lealtades?

 

En adelante, lo mejor será legislar en serio para ordenar los nombres de calles y edificios públicos. Ya no más nombres de personas vivas a calles y monumentos. Solo aquellas que —ya desaparecidas— rescaten la memoria de quienes con sus acciones y obras hayan aportado al desarrollo de Sonora y de México. Así de sencillo.