Auditorías de pasarela para INE-IFE

El cinismo de Fox y la grieta guinda en el Senado  

Auditorías de pasarela para INE-IFE; el cinismo de Fox y la grieta guinda en el Senado.  

Política en Movimiento

Por: Angélica Beltrán

Son tiempos electorales; tiempos de descubrir delitos administrativos y penales de los adversarios políticos, pero sólo como parte del show mediático para incidir en las votaciones, no para hacer justicia.

Este es un hecho lamentable en la política mexicana, cuyo sistema de justicia prácticamente no toca a la clase política. Y como en años anteriores, este periodo electoral no parece que vaya a ser la excepción.

De tal suerte que las auditorías que ha anunciado la presidenta Claudia Sheinbaum a los órganos electorales (al INE de hoy y al IFE de ayer) son necesarias para aliviar la indignación nacional en torno al caso Taddei. Sin embargo, en los tiempos de la 4T se exige que esas revisiones sirvan para sancionar a los responsables del quebranto en los organismos electorales y no queden en la impunidad ni se reduzcan a exhibir a funcionarios corruptos, pues eso de nada le sirve a México.

No más pretextos como aquel de que la Auditoría Superior de la Federación «no tiene dientes». El Poder Legislativo debe agilizar la reforma correspondiente para dotar a la ASF de las atribuciones necesarias, llevar los procesos hasta las últimas consecuencias y erradicar de una vez por todas la simulación. Que las auditorías anunciadas al IFE-INE de 20 años a la fecha sirvan para recuperar los recursos robados y aplicar la ley; es hora de ir contra los delincuentes de cuello blanco de manera permanente, no sólo en vísperas electorales.

«Cállate, chachalaca», los panistas a Fox

La chachalaca mayor, el expresidente Vicente Fox, ha vuelto a graznar en defensa de lo indefendible: los delitos electorales cometidos para favorecer al candidato de su partido en las elecciones presidenciales de 2006.

Las recientes revelaciones del guanajuatense y ex empleado de Coca-Cola dejan aún peor parado al Partido Acción Nacional, pues declara con el cinismo que le caracteriza que el candidato panista a la presidencia de México, Felipe Calderón, no ganó democráticamente, sino «políticamente», mediante maniobras ejecutadas desde la primera magistratura que estaba a su cargo.

Por eso, sus propios correligionarios han retomado desde las cloacas de sus cónclaves el célebre dicho de López Obrador: «¡Cállate, chachalaca!», para decirle al octogenario Vicente Fox, quien callado ayuda más a los panistas que con sus confesiones seniles.

Higinio contra Noroña

Esta semana se suscitaron dos momentos tensos entre el presidente de la Mesa Directiva del Senado, Higinio Martínez, y el senador Gerardo Fernández Noroña, debido a desacuerdos en la conducción de las sesiones en la Cámara Alta.

El enfrentamiento es notorio dado que ambos senadores pertenecen a la bancada de Morena, aunque no al mismo grupo político. He ahí el roce que poco favorece al partido guinda en tiempos electorales y que retrata las divisiones que se agudizan al interior de un movimiento que no logra consolidar la cohesión tras el fin de la presidencia de Andrés Manuel López Obrador.

«No lo entiendo, y no es de hoy; desde hace 30 años he tratado de entenderlo y no entiendo aún por qué hace lo que hace», le soltó Higinio a Noroña tras el reclamo de este en la sesión ordinaria del martes. La escena tuvo continuidad el miércoles, cuando el mexiquense fue más parco en su respuesta ante una nueva protesta: «Este es mi tiempo en la presidencia de la Mesa Directiva, no el suyo».

Y si bien Fernández Noroña también presidió la Mesa Directiva del Senado sin recibir reproches de sus compañeros morenistas —salvo de la oposición—, en estos momentos el peso del grupo político al que se sumó hace unos años (el de Adán Augusto López) ha disminuido drásticamente dentro y fuera del Senado.

A pesar de ser uno de los tribunos más destacados, Fernández Noroña ha perdido terreno por haber dejado al PT por MORENA, a cambio de la presidencia del Senado, a petición del legislador tabasqueño; y por abandonar los principios que decía defender: la austeridad y la cercanía con la gente.