La plataforma Sonora: De la obra de la política de estado

Escribe el Maestro Jesús Antonio García Ramírez, politólogo

La plataforma Sonora: De la obra de la política de estado; escribe el Maestro Jesús Antonio García Ramírez, politólogo.

Escribe: Mtro. Jesús Antonio García Ramírez, politólogo

1. Consideraciones previas
Hay un momento en todo gobierno donde deja de defenderse y empieza
a definir. Ese momento llegó el domingo 13.
Durante cuatro informes, Alfonso Durazo tuvo que explicar de dónde
venía Sonora: un estado con la seguridad rota, con la deuda apretando y
con el sur reclamando lo que nunca le llegó. El domingo ya no explicó
de dónde venía. Dijo dónde está parado.
Y donde está parado es distinto. No porque no haya problemas, sino
porque los problemas ya son otros. Ya no es cómo recuperar ranchos en
Caborca, es cómo hacer que esos ranchos produzcan. Ya no es cómo bajar homicidios —
que bajaron más de 68 por ciento y sacaron a Sonora del cuarto al lugar 15 nacional — sino
cómo hacer que esa baja se vuelva costumbre y no operativo.
Ese cambio de pregunta es el verdadero dato del quinto informe. Cuando un gobernante
cambia la pregunta pública, cambia la agenda del estado. Y Durazo la cambió.
Lo hizo con dos anclas que pesan: la policía que pasó de 850 a más de 2 mil elementos y la
gente que salió de la pobreza, 456 mil sonorenses, con una deuda que hoy pesa 22 por
ciento menos en términos reales. Y lo hizo con señales que la gente ve y camina: los
malecones de El Cochórit en Empalme y de Huatabampito en Huatabampo, que le
devolvieron al pueblo el acceso al mar que por años fue promesa. Eso no es adorno. Es piso
social. Y con piso se puede hablar distinto.

2. A manera de reflexión
Lo que se presentó el domingo no fue un balance. Fue una arquitectura.
El Plan Sonora, que al principio sonaba a buen deseo, hoy tiene fierros, cables y puerto.
Tiene una planta solar en Puerto Peñasco que camina hacia un gigawatt y será la más
grande de América Latina. Tiene dos centrales nuevas en San Luis Río Colorado. Tiene a
Guaymas en obra para ser puerto de altura. Tiene 6 mil 300 millones de pesos en agua y
tiene un crecimiento de más de 8 por ciento en cinco años con un superávit de 9 mil 700
millones de dólares.
¿Por qué eso importa más que una carretera? Porque una carretera se inaugura y se acaba.
Una plataforma permanece.
Permanece y ordena. Ordena al siguiente gobierno, que ya no podrá llegar a improvisar
porque hay una ruta trazada. Ordena la economía estatal, que ya no depende de un solo
ciclo, sino de energía limpia generada en suelo sonorense. Y ordena la relación con el país,
porque Sonora hoy produce lo que México necesita: energía, puerto y soberanía logística
desde territorio mexicano y para los mexicanos.
Ahí está la visión política del informe. No dejó obras sueltas. Dejó candados. Dejó 39 mil
escrituras entregadas, casi 30 mil viviendas en construcción, becas que ya son derecho con
730 mil beneficiarios, y 10 hospitales nuevos cuando en treinta años se habían hecho nueve.
Todo eso no se puede deshacer sin costo político. Y cuando una obra tiene costo político si
se deshace, ya no es obra. Es política de Estado.
Ese es el constructo que pocos han visto: Durazo no está cerrando su sexenio, está
asegurando que lo avanzado no tenga reversa.

3. Consideraciones finales
Toda plataforma, por sólida que sea, tiene puntos de quiebre. Nombrarlos no es golpear. Es
cuidar que la plataforma no se caiga.
El primero es el agua. Sonora puede tener toda la energía del mundo, pero si no resuelve un
pacto nuevo para el agua entre el campo y la ciudad, entre el Yaqui y Hermosillo, el Plan
Sonora será una gran planta sin líquido para enfriar el crecimiento.
El segundo es la justicia cotidiana. Bajar el homicidio es recuperar el territorio. Lo que
sigue es recuperar la confianza en la denuncia, en la policía municipal, en la fiscalía que
atiende a la gente común. La percepción mejoró en Nogales, Hermosillo y Obregón, pero la
seguridad que se siente es la que no necesita mesa para funcionar, funciona sola.

El tercero es el más fino y el más político: que el superávit se vuelva salario sonorense. Que
el puerto y la energía no sean solo cifras de comercio exterior, sino talleres que dan
mantenimiento, empresas sonorenses que proveen, jóvenes técnicos que no se van. Ahí es
donde una plataforma se vuelve proyecto de una generación.
Si esos tres filos — agua, justicia cotidiana y salario sonorense — se atienden con la misma
claridad con la que se armó la plataforma, entonces el domingo 13 no será recordado como
un buen informe. Será recordado como el día en que Sonora dejó de administrarse y
empezó a proyectarse. Y será la vara con la que se medirá, sin excusas, al gobierno que
sigue. Porque la plataforma ya no necesita quien la defienda. Necesita quien la gobierne.
De la obra a la política de Estado hay un paso que pocos dan. Darlo con firmeza, con visión
nacional y sin retroceder, ese es el reto.